30.9.07

La desnudez del autorretrato

Todos los fotógrafos nos hemos hecho alguna vez una foto a nosotros mismos. ¿Pero quién ha tenido el valor de ir más allá, mediante la interiorización con o sin ayuda de la desnudez física?

No estoy de acuerdo con los que piensan que cuando conoces a alguien la primera impresión es la que cuenta, porque por propia experiencia me he equivocado infinitas veces. Pero con respecto a una imagen creo que la primera sensación es la más fiel a uno mismo, al margen de que después de contemplarla un rato descubras nuevas percepciones.


Pregunté a algunas personas qué le evocaba en breves palabras esta foto que presento, y en las respuestas hubo de todo...

-"El deseo satisfecho"
-"El poderío de la mujer"
-"La belleza personificada"
-"Una montaña dorada"
-"Plenitud"
-"La mirada perdida"
-"El placer femenino"
-"¿Pero vas a poner esa foto?"

A mí personalmente me parece un autorretrato con una fuerte carga erótica y emocional. Esta es la virtud de una fotografía tan sugerente, que transmite tantas sensaciones como observadores. ¿El que sea un desnudo femenino le da un matiz diferente? Ya lo discutiremos cuando se trate el masculino.

La autorretratada es Toto Frima, una fotógrafa holandesa que trabaja siempre con la amplia gama tonal que le ofrece las polaroids, siendo su motivo principal ella misma. A partir de la experimentación con su desnudez da a conocer un mundo más íntimo en el que todas las partes de su cuerpo dicen algo de ella.

Pero, ¿nos lo revela todo? Ahí queda la duda. Como decía Diane Arbus "la fotografía es un secreto que habla de un secreto. Cuanto más te dice, menos te enteras".

27.9.07

Un salto de altura


¿Una imagen es siempre lo que parece? Ciertamente no. Su interpretación puede variar la intención primaria e incluso sugerir tantas ideas como miradas.

La cuestión sobre si una imagen como documento es verdadera creo que es difícil de debatir. Generalmente se piensa que es modelo de veracidad y objetividad, sin embargo el hecho en sí de fotografiar implica una selección arbitraria que rompe la imparcialidad.

Deberíamos preguntarnos si la realidad representada es la del autor o la del espectador, o incluso la del protagonista.

Ahí dejó en el aire la anterior reflexión...

Y en relación a todo esto, una última cuestión, ¿os parece un montaje esta foto?, ¿es posible que una silla de ruedas se alce a esa altura?

Mi enhorabuena al AMFIV, el club de baloncesto en silla de ruedas de mi ciudad, por sus esfuerzos en superarse a sí mismos cada día, y conseguir que nos emocionemos en cada uno de sus partidos.

26.9.07

...y los besos, besos son







Siempre me he preguntado el motivo de que solo unas pocas de las millones de imágenes que nos rodean se conviertan en inmortales. Supongo que son un conjunto de factores que lo propician. Estas dos que presento lo son con derecho propio. Tienen en común el instante de un beso pasional en plena calle. Pero algo las diferencia...

La primera, El beso, es uno de los iconos del romanticismo desde siempre. Pertenece a la célebre serie Besos de 1950, un reportaje fotográfico de Robert Doisneau sobre los amantes de París para la revista Life. La pareja era unos estudiantes de arte dramático, Françoise Bornet y su novio Jacques Carteaud, que paseaban por la plaza del Ayuntamiento sin ocultar su amor e indiferentes al bullicio que les rodeaba. Doisneau, que los había observado, les propuso mostrarlo ante la cámara. A pesar de ser una foto preparada, muestra una complicidad deliciosa. El secreto de la realidad de aquel beso, que todo el mundo creía que había sido capturado al azar a unos paseantes anónimos, lo reveló su autor en 1992 cuando comenzaron a surgir candidatos reclamando el cobro de derechos de autor.

La segunda, Día V, la captó Alfred Eisenstaedt el 14 de agosto de 1945 en la neoyorquina Times Square, durante el desfile de la Marina estadounidense al final de la II Guerra Mundial. Los fotografiados son un soldado y una enfermera fundidos en un beso espontáneo y arrebatador, sin relación alguna entre ellos, realmente unos desconocidos. La imagen representa maravillosamente la exaltación y alegría de regresar a casa tras la victoria.

El beso no tiene menos valor por no captar un instante casual. La imagen sigue intacta, ajena a toda la especulación tejida a su alrededor. Y ese es el milagro, el mismo que esperaba Doisneau pacientemente en una esquina. El beso es verdadero, y refleja un momento muy especial en las vidas de sus protagonistas. Actuaban sí, pero lo sentían. Y nos hacen creer aún hoy que nos encontramos en un teatro en el que se paga asiento con el tiempo perdido y en continua espera.

24.9.07

Hoy es siempre todavía...

Comienzo este blog sin un rumbo fijo, pero con toda la ilusión de que llegue a buen puerto sin naufragar. Supongo que habrá muchas escalas, y en algunas de ellas me perderé, pero espero no dejar nunca de navegar por la blogosfera, el fascinante y desconocido mundo de nuestros días.

Me gustaría escribir principalmente sobre Fotografía, tan presente en nuestra vida cotidiana, que no percibimos la importancia que tiene. He descubierto que la fotografía tiene más que ver con la manera en que vemos las cosas, que con las cosas que vemos. Me gustaría recordar a los grandes maestros de la luz (Atget, Sander, Stieglitz, Weston, Strand, Evans,...) y a otros tantos fotoperiodistas pioneros (E. Smith, R. Capa, A. Eisenstaedt, D. Seymour, H. Cartier-Breson, E. Erwitt, R. Doisneau,...) y actuales, comentar imágenes de amigos y mías, y todo lo que surja y pueda ser interesante...

¿Y por qué el "Faro de Alejandría"? Es que representa todo un icono para mí.

Siempre me atrayeron poderosamente los faros, y este en particular. Fue guía de navegantes durante dieciséis siglos. Y después de apagarse su luz, sigue iluminando nuestra imaginación al evocar su grandiosidad y arder en la memoria como una de las Maravillas del Mundo Antiguo. No sé bien si la isla de Faros, donde se edificó, les dio nombre para siempre. O al revés, ya que "ph(a)os" en griego es iluminación, LUZ, todo lo que vemos, y sólo nos damos cuenta de lo esencial que es cuando carecemos de ella.

Y Alejandría, puente egipcio entre la Grecia clásica y el poderío romano, que absorbió lo mejor de los tres mundos. Nuestra cultura emana directamente de ella. Cosmopolita por vocación desde su fundación. Quizá la Nueva York de hoy? Pero decepcionante en la actualidad. Nada que ver con la ciudad evocada en los Cuartetos de Alejandría, y mucho menos con la helenística. Y a pesar de ello, pervive en nuestra memoria como un mito. Y el mito es sueño, y el sueño, libertad.

Acabo de abrir una ventana, y está todo el mundo invitado a asomarse a ella. Será un placer compartir impresiones y experiencias. Las actualizaciones no serán tan frecuentes como desearía, pero espero que tengan una cierta continuidad.

Hoy es siempre todavía...